© Daño Cerebral Estatal | 04/03/2026 | 8M2026: las mujeres con Daño Cerebral Adquirido: una doble discriminación que debemos visibilizar
Las mujeres con Daño Cerebral Adquirido: una doble discriminación que debemos visibilizar
Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, desde Daño Cerebral Estatal ponemos el foco en una realidad a menudo invisible: la de las mujeres con DCA, que enfrentan una doble discriminación por razón de género y discapacidad.
En España viven 435.400 personas con Daño Cerebral Adquirido, según la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia (EDAD 2020) del Instituto Nacional de Estadística. De ellas, el 45% son mujeres.
Sin embargo, esta proporción no se refleja en el movimiento asociativo. Solo el 39% de las personas socias con DCA son mujeres. Es decir, por cada mujer que accede a una entidad, lo hacen 1,55 hombres.
Esta brecha evidencia que algo está fallando en el acceso, la participación o la permanencia de las mujeres con DCA en los recursos de apoyo.
La doble y múltiple discriminación: una realidad estructural
La palabra “discriminar”, según la Real Academia Española, significa “dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental”.
Cuando hablamos de doble discriminación, lo hacemos para referirnos a la intersección entre ser mujer y tener discapacidad. Esta doble condición genera barreras añadidas que dificultan el ejercicio pleno de derechos, la participación social y la consecución de metas vitales fundamentales.
En muchos casos podríamos incluso hablar de discriminación múltiple. La identidad de las personas está compuesta por múltiples dimensiones, y pertenecer simultáneamente a varios grupos en situación de desventaja —ser mujer, tener discapacidad, vivir en el medio rural, tener bajos recursos económicos o ser joven— puede agravar la exclusión de forma más intensa y específica.
La discapacidad, además, se relaciona con frecuencia con una pérdida de poder adquisitivo, ya sea por menores rentas o por los costes adicionales derivados de la propia situación (asistencias y apoyos, adaptación de la vivienda, transporte accesible, asistencia personal, entre otros).
Por ese motivo, las mujeres con discapacidad se encuentran, en muchas ocasiones, en mayor riesgo de exclusión social.
El respaldo de la Convención Internacional
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), adoptada por la ONU el 13 de diciembre de 2006 y que celebrará su 20º aniversario este 2026, reconoce explícitamente esta situación en su artículo 6.
En él, los Estados Partes reconocen que las mujeres y niñas con discapacidad están sujetas a múltiples formas de discriminación y se comprometen a adoptar medidas para garantizar el pleno disfrute de sus derechos y libertades fundamentales.
La Convención también advierte del mayor riesgo de violencia, abuso, abandono o explotación, dentro y fuera del hogar, al que se enfrentan las mujeres y niñas con discapacidad.
Numerosas entidades y estudios avalan la necesidad de abordar cuestiones como el empleo o la violencia de género con especial mirada a las mujeres con discapacidad, puesto que los datos reflejan una mayor vulnerabilidad que incrementa y perpetúa las desigualdades.
Género y cuidados en el Daño Cerebral Adquirido
El ámbito de los cuidados también está atravesado por el género.
Según el Estudio sobre el cuidado informal a personas con Daño Cerebral, elaborado por Daño Cerebral Estatal en 2020, 3 de cada 4 cuidados informales son realizados por mujeres.
Si hablamos del empleo en el Tercer Sector, el reciente estudio ‘’Igualdad en el empleo en las entidades del Tercer Sector: brechas y medidas implantadas’’, publicado por el Observatorio del Tercer Sector, señala que el 74% de las personas empleadas en este ámbito son mujeres.
Según los datos, las mujeres predominan tanto en el cuidado formal como en el informal.
Históricamente, las mujeres han sostenido el ámbito de los cuidados en sus entornos. Sin embargo, cuando aparece el DCA, muchas pasan de ocupar ese rol a ser quienes necesitan esos cuidados, enfrentándose entonces a una realidad para la que el sistema no siempre está preparado.
El Estudio sobre el impacto socioeconómico del Daño Cerebral Adquirido en España (2024), publicado por Daño Cerebral Estatal, muestra que en familias compuestas por una pareja heterosexual es más frecuente que la mujer abandone el empleo para asumir los cuidados, ya sea del hombre con DCA o de cualquier otro familiar. Cuando el hombre deja su empleo, suele hacerlo de manera temporal y con mayor probabilidad de reincorporación posterior.
Además, cuando el hombre retoma su actividad laboral, es habitual que se contrate a una mujer —profesional o no— para asumir los cuidados.
Estas dinámicas, que responden a estructuras sociales de género más que a decisiones individuales, también se reflejan en el movimiento asociativo:
- Entre las personas socias con DCA, el 60,9% son hombres y el 39,1% mujeres.
- Entre las personas socias sin DCA (familiares y entorno de apoyo), el 61,8% son mujeres.
Mientras los hombres predominan entre quienes reciben atención, las mujeres lo hacen entre quienes la sostienen.
Un nuevo modelo de cuidados con perspectiva de género
Desde el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 se impulsa la Estrategia Estatal para un nuevo modelo de cuidados en la comunidad (2024-2030), que apuesta por nuevas formas de abordar los cuidados de larga duración de distintos grupos sociales.
Este documento reconoce que el modelo tradicional de cuidados ha generado y sigue generando desigualdades de género, limitando la autonomía, el desarrollo profesional y la calidad de vida de las mujeres.
Incorporar la perspectiva de género en la atención al DCA es fundamental para diseñar fórmulas que funcionen para cuidar, ser cuidado/a y autocuidarse.
Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Daño Cerebral Estatal reclama la incorporación efectiva de la perspectiva de género en todas las políticas de discapacidad, así como el diseño de recursos específicos y accesibles para mujeres con DCA, teniendo en cuenta las barreras económicas y sociales que dificultan su participación.

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